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La voz que decidió romper el silencio

Claudia Patricia Quiragama nunca imaginó que una pregunta cambiaría el rumbo de su vida.

Creció en el Alto Andágueda, en el departamento del Chocó, escuchando hablar de una práctica que durante años fue conocida en algunas comunidades emberá como "la curación". Era un tema reservado para las mujeres, del que pocas personas hablaban abiertamente y que, por generaciones, fue asumido como parte de una tradición.

Pero Claudia decidió preguntar.

Quiso entender por qué se realizaba, quién la practicaba y cuáles eran sus consecuencias. Lo que descubrió transformó su manera de ver esa realidad y la llevó a convertirse en una de las voces que hoy promueven el cambio desde el interior de su comunidad.

"Dios nos mandó completas. ¿Por qué tendríamos que hacer daño entre mujeres a nuestras niñas?"

Para ella, proteger a las niñas nunca ha significado renunciar a la identidad cultural del pueblo emberá. Al contrario, significa reconocer que las culturas también evolucionan y que cuidar la vida debe estar por encima de cualquier práctica que pueda ponerla en riesgo.

Durante la conversación con FECOLSOG, Claudia habló con serenidad, pero también con firmeza. Recordó que muchas mujeres comenzaron a cuestionar esta práctica después de conocer sus consecuencias físicas y emocionales y de comprender que era posible preservar sus tradiciones sin afectar la integridad de las niñas.

Su reflexión quedó resumida en una frase que hoy acompaña el trabajo de muchas lideresas indígenas:

"La curación no es cultura."

Lejos de señalar o juzgar a su comunidad, Claudia insistió en que las transformaciones más profundas nacen cuando son las propias comunidades quienes lideran los procesos de reflexión. Escuchar, dialogar y construir confianza ha sido, según su experiencia, el camino para generar cambios sostenibles y respetuosos.

Ese liderazgo también ha permitido que más familias conozcan los riesgos de esta práctica y comprendan que proteger a las niñas es una responsabilidad compartida.

"Nosotras, como mujeres, tenemos que defender el derecho de las niñas."

Su mensaje trasciende el territorio donde nació. Es una invitación a entender que la prevención no depende únicamente de las leyes o de las instituciones. También requiere líderes comunitarios, profesionales de la salud y familias dispuestas a conversar sobre temas que durante mucho tiempo permanecieron en silencio.

Hoy, mientras Colombia avanza en la implementación de la Ley Niñas sin Ablación, historias como la de Claudia recuerdan que los cambios más duraderos no se imponen desde afuera: se construyen desde las comunidades, con respeto, conocimiento y la convicción de que ninguna niña debería crecer enfrentando una práctica que vulnere su salud, su dignidad o su futuro.

Al finalizar el encuentro, sus palabras dejaron un mensaje que resume el espíritu de esta edición de Mujer 360:

"No queremos que haya más niñas muertas. Queremos que nuestras niñas crezcan sanas, completas y con la oportunidad de vivir plenamente."

Porque cuando una mujer encuentra el valor de levantar la voz, muchas otras descubren que también pueden hacerlo. Y es allí donde comienzan las transformaciones que cambian la historia.